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El binomio Alimento-Salud y sus implicaciones conceptuales
Uno de los factores que han dejado una huella importante en la
sociedad occidental y han caracterizado muchas de sus preocupaciones
durante la segunda mitad del siglo XX ha sido el binomio Alimentación-
Salud. A lo largo de todos esos años, el ser humano ha desarrollado
una gran sensibilidad frente a la posible relación entre la alimentación
que recibe y su estado de salud.
Dentro de esta línea, diversos trabajos científicos han puesto de
relieve cómo ciertos ingredientes naturales contenidos en los alimentos,
proporcionan beneficios medicinales, de tal modo que su presencia en
la dieta puede resultar muy útil, unas veces para prevenir y otras
para curar algunas enfermedades:
Acciones curativas: 1. oligosacáridos (malas digestiones^ altos niveles
de colesterolj baja biodisponibilidad de nutrientes). 2. fibra dietética
(hipertensión, cáncer de colon).
Acciones preventivas: 1. antioxidantes, betacarotenos, vitamina A y
agentes probióticos (cáncer en general) 2. calcio (osteoporosis) 3. proteínas
de leguminosas (altos niveles de colesterol, enfermedades cardiovasculares)
4. vitaminas C y E (cataratas, escorbuto, hepatitis) 5. di y poliaminas
(demencia senil).
Es evidente que, en la actualidad, nuestra sociedad occidental presenta
una gran preocupación por las repercusiones que sobre su salud
puedan tener los alimentos que ingiere; incluso se acepta sin reparos,
que la salud de una persona o de un grupo de población, es un bien
capaz de ser controlado mediante una alimentación adecuada.
Precisamente estos planteamientos han conducido a la aparición
en el mercado alimentario de productos que recaban un cierto papel
En la medicina nutricional al ofertar beneficios para la salud del consumidor.
Sin embargo, muchos de estos productos alimenticios no siempre
están de acuerdo con las definiciones admitidas para los atributos
alimenticios relacionados con la salud humana.
Considerado desde un punto de vista nutricional, un ALIMENTO
es «todo producto que, por sus componentes químicos y por sus características
organolépticas, puede formar parte de una dieta con el
objeto de calmar el hambre, satisfacer el apetito y aportar los nutrientes
necesarios para mantener al organismo en un estado de salud».
Es decir, un alimento es aquel producto, natural o transformado,
capaz de suministrar al organismo que lo ingiere la energía y las
estructuras químicas necesarias, para que pueda desarrollar sin problemas
sus procesos biológicos. Pero un alimento no sólo debe nutrir,
sino también ha de poseer tales atributos sensoriales que estimule el
apetito y sea apetecible.
En la práctica, existen productos que pueden formar parte de la
dieta sin una finalidad nutricional, sólo para satisfacer un deseo apetecido:
el café o el té por su acción estimulante; las bebidas carbonatadas,
por su acción refrescante; los condimentos y especias, por la función
organoléptica que desempeñan; etc.
En relación con los alimentos, cabe hablar hoy día de dos tipos
de propiedades: a) nutricionales. b) funcionales.
a) Las Propiedades nutricionales se definen como aquellas que derivan
de la capacidad para contribuir al nivel de nutrientes aportados
por la dieta alimenticia y que son necesarios para que el organismo
pueda llevar a cabo todas las funciones fisiológicas y bioquímicas propias
de sus procesos vitales.
De todas las estructuras químicas integradas en la composición de los
alimentos, solamente seis pueden realizar la función de nutrientes: agua,
proteínas, hidratos de carbono, Kpidos, vitaminas y elementos minerales.
b) Se consideran Propiedades funcionales las que, al margen del
valor nutritivo, determinan el comportamiento del alimento, entendido
éste como un sistema integrado por diversas especies químicas.
Muchas de las estructuras presentes en la composición química
de un alimento pueden desempeñar varias funciones determinantes
de sus propiedades, al margen de su papel de nutrientes. De hecho,
estas propiedades funcionales pueden abarcar tres ámbitos importantes,
en relación con el uso y consumo de los alimentos:
• Propiedades sensoriales: son las que hacen apetecible o atractivo
a un alimento, en virtud de unos atributos percibidos por los
Alimentos para la salud
órganos de los sentidos: color, sabor, olor, flavor, textura, jugosidad,
apariencia, etc.
• Propiedades tecnológicas: son las que permiten contribuir, o al
menos facilitar, los procesos vinculados a la tecnología de fabricación
industrial, o a las operaciones culinarias, siempre orientados
a proporcionar las condiciones más aptas para su consumo.
• Propiedades saludables: son las que contribuyen a que el consumo
del alimento no resulte perjudicial desde un punto de vista
higiénico-sanitario.
Hoy día se conocen cuáles son las estructuras químicas responsables
de las diferentes propiedades específicas de un alimento: las
que intervienen en las características organolépticas, como color, sabor,
olor, flavor, textura, etc.; las relacionadas con propiedades tecnológicas,
esenciales para la específica elaboración de un alimento;
incluso las que inciden sobre su calidad higiénico-sanitaria, bien
porque proporcionan beneficios saludables o, por el contrario dan
lugar a efectos tóxicos. De este modo, cabe relacionar las funciones
específicas de cada componente químico con las diferentes propiedades
manifestadas por los sistemas alimentarios (Cuadro 1). Todas ellas
inciden cada vez más en la demanda de alimentos, porque hoy día
se exige que todo producto alimenticio sea nutritivo, apetecible, y sanitariamente
correcto.
No obstante, ante el interés por la incidencia de la alimentación
sobre la salud, la ciencia de los alimentos se ha encontrado ante la
necesidad de adoptar nuevos calificativos, cuya aplicación ofrezca una
mejor comprensión de los atributos que, en este sentido, caracterizan
a los alimentos comercializados.
• alimento sano: cuando su composición carece de sustancias tóxicas,
o de microorganismos patógenos, que puedan ocasionar
alguna intoxicación o enfermedad en el que lo consume. Es un
requisito que debe cumplir todo alimento en uso, para que desde
un punto de vista higiénico-sanitario pueda ser calificado como
seguro.
• alimento saludable: cuando carece de sustancias, o al menos
no las contiene en cantidades importantes, cuyo frecuente consumo
pueda significar algún riesgo de enfermedad crónica.
• alimento para la salud: cuando en su composición participa
algún tipo de estructura química, cuya ingestión tenga acreditada
actividades preventivas frente a ciertas enfermedades de tipo
crónico.
CUADRO 1. Principales funciones vinculadas a las especies químicas que integran
la composición de un alimento
Función de nutriente
Proteínas Elementos minerales
Hidratos de Carbono Vitaminas
Lípidos Agua
Función sensorial
color: betalaínas y derivados benzopirenos, isoprenos o tetrapirrólicos.
sabor: ácidos orgánicos, azúcares, taninos.
flavor: aminoácidos, nucleótidos, terpenos.
textura: lípidos, polisacáridos, proteínas.
Función tecnológica
Azúcares, lípidos, polisacáridos, proteínas.
Función saludable
Ácidos grasos poliinsaturados omega, ácido ascórbico, ácido fítico, aminoácidos, catequinas,
ditioltionas, fructo- y galacto-oligosacáridos, isoflavonas, péptidos de caseína, tialilos, tocoferoles,
etc.
Incidencia en el mercado alimentario
Aunque las primeras aplicaciones dietéticas de los alimentos se
remontan a los tiempos de Hipócrates en el siglo V antes de Cristo,
la evolución que ha experimentado la clínica médica a lo largo del
tiempo las ha relegado a consideraciones secundarias. Sin embargo,
el interés actual por el binomio Alimentación-Salud hace que, poco a
poco, el alimento recupere su papel en la prevención y tratamiento
de las enfermedades y alcance una mayor relevancia en el ámbito de
la salud humana.
Sin embargo, dentro del amplio espectro de prácticas nutricionales
que se aplican como complementarias a los tratamientos clínicos de
las enfermedades crónicas existen algunas metodologías que no responden
a verdaderos fundamentos científicos: ofertas de suplementos
nutricionales, modificaciones dietéticas o sistemas terapéuticos, basados
en consideraciones puramente teóricas, sin un fundamento científico
que las apoye. Entre otros planteamientos, habría que citar a los numerosos
alimentos milagros que en estos últimos tiempos inundan el
Alimentos para la salud
mercado alimentario. A pesar de todo, la industria alimentaria ha sabido
responder a las demandas de la sociedad en su preocupación por la
mejora de su estado de salud y ha puesto en el mercado productos
alimenticios avalados por la experimentación científica.
Desde un punto de vista histórico, los primeros en aparecer han
sido los alimentos calificados de «Saludables» («Health Foods»). Son
productos cuyos diseños resultan adecuados para elaborar dietas que
han de ajustarse a requisitos dietéticos estrictos: exentos de gluten,
bajos en sodio, pobres en calorías, etc. Entre los primeros comercializados
cabe destacar los productos caracterizados por un bajo contenido en
sodio, aunque no siempre respondan a las reducidas exigencias de las
personas hipertensas. En la práctica, estos alimentos exigen una tecnología
de elaboración que plantea problemas prácticos muy difíciles
de resolver, sobre todo en cuanto a su aceptación sensorial. Dentro
de esta línea, adquieren un gran auge comercial por la década de los
años 80 los alimentos que ofertan un aporte de energía inferior a lo
tradicional. Suelen llevar en su etiquetado la calificación de «producto
light». Pueden citarse diversos tipos que, en sus formulaciones, introducen
cambios cuantitativos y cualitativos con el fin de reducir su
oferta energética: productos de panadería, bebidas no alcohólicas, caramelos
y chicles, derivados lácteos, postres helados, frutas rellenas,
salsas mayonesas, sopas, cubiertas, extendedores grasos, etc. No obstante,
conviene aclarar que este calificativo puede significar simplemente
un aporte de calorías inferior al del alimento convencional. Así
por ejemplo, una mermelada se denomina «light» por el simple hecho
de contener un 50 % de azúcar, en vez del 60 % habitual; o de un
embutido «light», porque su contenido graso resulta ser del 10 % en
lugar del 30 %; etc.
Posteriormente, aparece una nueva gama comercial de alimentos
con la pretensión de ofertar beneficios saludables. Como consecuencia
de su contenido en algún tipo de compuesto químico. Estos productos
recibieron diversas denominaciones según el país de origen: «Alimentos
Funcionales» o «Alimentos para uso saludable específico», en Japón;
«Productos Nutracéuticos» o «Alimentos de Diseño» en Estados Unidos;
etc.
En su número de marzo de 1997, la Revista Food Technology se
planteaba la distinción entre los productos que pueden ser calificados
como «Alimentos saludables» y los que deben ser considerados como
«Alimentos para la salud». Entiende que con la denominación de «Alimentos
saludables» se hace referencia a un concepto algo difuso basado
en la ausencia de sustancias con efectos negativos. Por ello, dicha denominación también podría ser aplicable a muchos de los alimentos
tradicionales cuya ingestión con la dieta no representan peligro para
la salud, por los bajos niveles que contienen de esas sustancias consideradas
nocivas desde un punto de vista clínico: sal, grasa, azúcar,
colesterol, etc. En general, se debe calificar como «saludable» a todo
alimento cuya ingestión permita mantener la homeostasis fisiológica
del organismo humano que lo consume. Por el contrario, aquellos productos
alimenticios que ofrecen algún componente con una actividad
positivamente favorable en el ámbito de la prevención de enfermedades
crónicas habrían de ser calificados como «Alimentos para la salud».
En la práctica, serán «alimentos saludables» aquellos que carecen,
al menos en cantidades importantes, de sustancias que se suponen
representan un riesgo para el desarrollo de algún tipo de enfermedad
crónica. Deberán ser considerados «alimentos para la salud» aquellos
que en su composición contienen sustancias que, una vez consumidas,
desarrollan una actividad preventiva frente a ciertas enfermedades.
En la actualidad, estos productos están adquiriendo unas perspectivas
y unas dimensiones de muchísimo interés, y el mercado alimentario
se inunda de ellos, porque el consumidor espera unos beneficios preventivos
para su salud.
De acuerdo con la opinión de los especialistas, es posible destacar
tres requisitos a cumplir por un producto alimenticio para que pueda
ser incluido en el grupo de «Alimentos para la salud»:
a) debe responder a las características propias y genuinas de lo
que se entiende por un producto alimenticio: conjunto complejo de
sistemas fisicoquímicos, en los que toman parte ingredientes naturales.
b) deben ser consumidos formando parte de un dieta, dentro del
modo convencional seguido para cualquier alimento.
c) Su presencia dentro del organismo debe conducir a la regulación
de algún proceso biológico concreto: mecanismos de defensa, procesos
de envejecimiento, estado físico y/o mental, etc.
De acuerdo con la opinión científica más generalizada, estos nuevos
productos alimenticios pueden ser definidos del modo siguiente:
«aquellos alimentos capaces de provocar un impacto positivo sobre la
salud de las personas que los consumen, así como sobre su desarrollo
físico o sobre su salud mental, al margen de contribuir al aporte dietético
de nutrientes».
En definitiva se puede afirmar que algunos componentes químicos
de los alimentos pueden desempeñar, además de funciones nutritivas
o sensoriales, una tercera función relacionada con los efectos fisiológicos:
neutralización de sustratos nocivos, prevención de enfermedades, promover
la recuperación hasta un estado general de buena salud, etc.;
algunos de ellos se indican en el Cuadro 2. Dentro de esta consideración,
la legislación alimentaria japonesa establece varios grupos de ingredientes
alimenticios con propiedades saludables: 1. Fibra dietética; 2.
Oligosacáridos; 3. Polialcoholes; 4. Peptides y Proteínas; 5. Alcoholes;
6. Isoprenoides y Vitaminas; 7. Colinas; 8. Bacterias ácidolácticas; 9.
Elementos minerales; 10. Ácidos grasos poliinsaturados; 11. Otros.
Principales ingredientes a los que se les atribuye efectos saludables
Ácidos grasos ü>5
Bacterias ácidolácticas
Cafeína
Fibra dietética
Gingseng
Minerales (Ca, Mg)
Oligosacáridos
Taurina
Vitaminas antioxidantes
Prevención enfermedades cardiovasculares.
Regulación de la población microbiana intestinal.
Estímulo del sistema inmunológico.
Activa la circulación.
Rebaja el nivel de colesterol
Previene el cáncer de colon
Ibnificante
Prevención de osteoporosis
Reducen el nivel sanguíneo de colesterol
Recuperación de energía
Previenen el riesgo de timaores
Modulan el envejecimiento |
Bases científicas de la nueva gama de productos alimenticios
En opinión de los expertos, muchas de las enfermedades crónicas
que de un modo particular afligen a la sociedad occidental, se relacionan
de un modo muy estrecho con la dieta alimenticia que se recibe: cáncer,
obesidad, hipertensión, trastornos cardiovasculares, etc. Por el contrario,
en los últimos años han sido identificadas algunas sustancias naturales
presentes en los alimentos, cuyas actividades fisiológicas han resultado
tener efectos saludables para el organismo que las ingiere. Según los
datos experimentales algunas han destacado por desempeñar un papel
primordial tanto en el tratamiento como en la prevención, de diversas
enfermedades, en su mayor parte de naturaleza grave: cáncer, diabetes,
hipertensión, alteraciones cardiovasculares, osteoporosis, defectos en
los tubos neuronales, anormal función del colon, artritis, etc. Tales
tipos de sustancias responden a diversos grupos de estructuras químicas.
Entre las proteínas alimentarias que han reclamado un cierto interés
por sus propiedades saludables hay que citar las contenidas en el
suero lácteo, normalmente separado en las queserías a partir de las
cuajadas caseínicas. En la actualidad, estos concentrados proteicos se
incluyen en la alimentación de los deportistas, por su potencial efecto
sobre la formación de la masa muscular. También se están describiendo
otras consecuencias positivas: estimulación del sistema inmune, reducción
de los niveles de LDL-colesterol en sangre y un incremento
en la producción de colecistoquinina, implicada en la supresión del
apetito.
Algunos de los recientes avances en biomedicina ha permitido conocer
cómo proteínas de diversas procedencias (leches, pescados, cereales,
legumbres, etc.) pueden ejercer determinadas influencias sobre la fisiología
del organismo a través de algunos grupos específicos de aminoácidos,
contenidos en sus secuencias primarias, que se liberan por
la hidrólisis «in vitro», enzimática o química, dando lugar a péptidos
que han demostrado actividades biológicas de extraordinario interés:
a) Actividad opioide: fuentes proteicas como soja, trigo, cebada,
maíz y sangre de bovino liberan péptidos con actividad opioide. La
función saludable de estos péptidos parece centrarse en todo el tracto
intestinal, donde enaltecen la absorción de agua y de electrolitos; de
este modo, ejercen un efecto antidiarréico potente. Debido a la actividad
mimética de estos péptidos exógenos hacia la morfina, se le ha impuesto
el nombre de exorfinas, como oposición al de endorfinas.
b) Actividad inmunomodulante: la digestión con tripsina de algunos
tipos de caseínas (alfa si- y beta), tanto humanas como bovinas, origina
péptidos que, en experiencias con ratones, han manifestado cierta capacidad
para enaltecer la resistencia frente a la infección ocasionada
por algunas bacterias.
c) Actividad transportadora de minerales: varios tipos de caseínas
(alfa si, alfa s2, beta) integran en sus secuencias aminoacídicas algunos
residuos fosforilados que corresponden a la serina. En su proteolisis
aparecen los denominados caseinofosfopéptidos, capaces de formar
complejos solubles con los cationes divalentes aportados por la dieta
(calcio, magnesio, hierro, zinc, cobre) y favorecer su solubilidad y absorción.
d) Actividad antihipertensora: las proteolisis enzimáticas de una
gran variedad de fuentes (caseína bovina, gelatina, bonito, sardina,
atún, zeína del maíz, glutelina y prolamina del arroz, etc.) han proporcionado
péptidos que han puesto de manifiesto una cierta actividad
antihipertensiva.
También, los aminoácidos aportados por la alimentación han sido
objeto de investigaciones acerca de posibles efectos beneficiosos en el
tratamiento de situaciones patológicas: así, bajo condiciones de estrés
fisiológico, como puede ser una herida importante, niveles elevados
de aminoácidos hidrofílicos de cadena ramificada (leucina, isoleucina,
valina) parecen facilitar una mejor cicatrización, aunque el mecanismo
implicado en ello no haya podido ser aclarado todavía. La glutamina
tiene reconocido un papel importante en el mantenimiento de la integridad
del tracto intestinal, tanto en personas sanas, como enfermas:
una carencia de glutamina en la dieta puede implicar cambios degenerativos
en la mucosa intestinal, con la consiguiente absorción defectuosa
de los nutrientes; además, esta circunstancia resulta
particularmente peligrosa en el caso de enfermos crónicos, en los que
hay que evitar el riesgo de paso de las bacterias entéricas a la sangre.
Los aminoácidos que tienen la capacidad de atravesar la barrera
cerebral (aspártico, glutámico, fenilalanina, tirosina y triptófano) pueden
influir en la función del sistema nervioso central, al promover la formación
de los neurotransmisores: serotonina, dopamina, norepinefrina
y epinefi:'ina. Se sabe que los niveles cerebrales de estos aminoácidos
se relacionan de modo muy estrecho con el aporte aminoacídico de la
dieta, que de este modo puede modular diversos procesos fisiológicos
y psicológicos, entre ellos el estado mental y el comportamiento de
los individuos.
No obstante, algunas experiencias han demostrado que la ingestión
excesiva de algunos aminoácidos durante períodos prolongados, puede
significar una amenaza para la salud. De aquí la necesidad de actuar
de un modo responsable y con cautela cuando se trate de aconsejar
tratamientos con preparados aminoacídicos.
Los conocimientos acerca de los aspectos biológicos de los ácidos
grasos insaturados han mejorado gracias a que han sido perfeccionados
los métodos analíticos para su identificación y cuantificación y también
a los resultados proporcionados por diversos tipos de estudios: epidemiológicos,
investigaciones clínicas, experiencias con animales y trabajos
con cultivos celulares. Con ello se ha producido un cambio de mentalidad
en lo que respecta a las relaciones entre la salud y las enfermedades
vinculadas a los ácidos grasos aportados por la dieta. Hace tiempo
que se puso de manifiesto cómo la ingestión de ácidos grasos saturados
(AGS) tenían la tendencia a elevar los niveles del colesterol sérico.
Con posterioridad se observó que su sustitución por ácidos grasos monoinsaturados
(AGMI) daba lugar a una reducción de los niveles del
LDL-colesterol. En relación con la salud, los ácidos grasos poliinsa-turados (AGPI) no sólo deben ser considerados, por sus efectos sobre
los niveles de colesterol, sino también por su actividad sobre la agregación
plaquetaria y el metabolismo de las prostaglandinas y los leucotrienos,
además de otras funciones celulares. En este sentido hay
que resaltar de modo especial el papel del ácido alfa-linolénico (AAL),
que inicia la serie de los omega-3. En el metabolismo humano se forman
los ácidos eicosapentanoico (AEP, 20:5, co-3) y docosahexaenoico (ADH,
22:6, co-3) a partir del AAL. Hay que señalar como relevante, el papel
del ADH en la formación de los fosfolípidos de las membranas celulares
y de los componentes principales de los lípidos complejos del tejido
cerebral. Por tanto, cualquier incremento en el consumo dietético de
AAL tendrá su importante reflejo en los niveles de ADH exigidos para
cubrir las necesidades humanas. Precisamente, una de las ventajas
de las acreditadas dietas de los países mediterráneos es su rica aportación
de este ácido graso; son numerosas las propiedades atribuidas
a la actividad del ácido AAL:
contribuye al «pool» total de los precursores lipogénicos de la síntesis
lipídica cerebral; alivia los síntomas neurológicos clínicos, como parestesia,
visión borrosa, entumecimiento; protege frente a los infartos de
miocardio; reduce la tensión arterial y rebaja los niveles séricos de
triglicéridos y colesterol; potencia los efectos antiarrítmicos y antitrombogénicos;
corrige algunos desórdenes inmunológicos; retrasa el desarrollo
de tumores; presenta actividad antimalaria y antiparasitaria; es
esencial para el óptimo desarrollo neurológico en hiunanos.
Entre las diferentes estructuras de carbohidratos que forman parte
de la composición de los alimentos existen dos grupos a los que se
les ha vinculado con alguna propiedad saludable: a) el almidón de
arroz, b) los polisacáridos no almidones, que forman la denominada
ñbra dietética, en sus dos variedades de solubles e insolubles.
a) Almidón de arroz: algunas variedades de arroz se caracterizan
por disponer de granulos de almidón con una digestibilidad bastante
lenta en el tracto intestinal y, por tanto, dan lugar después de su
ingestión a una respuesta glucémica reducida. Sin duda que la elaboración
de productos alimenticios basados en este almidón de arroz,
pueden ofrecer la ventaja de proporcionar un bajo índice glucémico,
con el correspondiente beneficio tanto para las personas diabéticas
como para los atletas. Disponer de productos a base de este tipo de
almidón, que se digiere con cierta lentitud, tiene gran importancia
para ser ingeridos por los deportistas que necesitan mantener niveles
adecuados de glucosa en sangre durante prolongadas etapas de ejercicios físicos; de este modo, consiguen obtener de modo continuado la energía
necesaria para realizar las oxidaciones metabólicas.
b) Fibra dietética: desde un punto de vista bastante general, puede
ser definida como «el conjunto de polisacáridos alimentarios que resisten
a la acción hidrolítica de los enzimas digestivos propios del tracto gastrointestinal
». Desde hace varios años, h a sido objeto de numerosos estudios
sobre sus efectos bioquímicos y fisiológicos: incidencia sobre los metabolismos
de hidratos de carbono y de lípidos; posible relación con los desórdenes
gastrointestinales; papel desarrollado en el cáncer de colon, etc.
Hasta el momento presente, la evidencia científica acumulada ha
puesto de relieve que la ingesta de fibra se relaciona, de modo directo,
con el normal funcionamiento del tracto digestivo. Más aún, se han
obtenido resultados que indican ciertos efectos beneficiosos sobre el
constipado intestinal y el síndrome de intestino irritado. No obstante,
de acuerdo con los conocimientos disponibles, hay que proceder con
cautela y no generalizar sobre la naturaleza preventiva y terapéutica
de la fibra. En este sentido, adquiere especial relevancia la necesidad
de especificar las fuentes de las fibras alimentarias que se utilizan,
porque son las determinantes de su naturaleza química y de sus efectos
sobre la salud, es decir, de su funcionalidad.
En un intento de clarificar el concepto de fibra dietética, muchos
científicos han optado por definir cada tipo de fibra individual en función
de sus propiedades físicas. En este sentido, una característica discriminante
empleada ha sido el factor solubilidad, que permite distinguir
dos grupos bien definidos: la fibra soluble, capaz de formar soluciones
viscosas, y la fibra insoluble. Dos son las fuentes importantes de fibra
insoluble: en primer lugar, el salvado de trigo y, después, el salvado
de arroz, rico en los dos tipos de fibras. Las fibras solubles son aportadas
por muchos productos vegetales, tales como salvado de algunos cereales
(arroz, cebada o avena principalmente), verduras y frutas: corresponden
a estructuras de polisacáridos capaces de ser ampliamente degradados
por las bacterias del colon, dando lugar a toda una serie de sustancias
que favorecen el desarrollo de la población microbiana intestinal. Dentro
de este tipo de polisacáridos se pueden citar las hemicelulosas del
salvado de arroz, las sustancias pécticas de muchas frutas o los betaglucanos
del salvado de avena. Todos presentan la particularidad de
formar soluciones viscosas, además de tener una gran capacidad de
enlazar iones y otros componentes, aunque estas propiedades enlazantes
varían según la estructura de la fibra.
En estos últimos años existe una clara insistencia para que la
población vuelva a lo que se denomina de modo genérico «dieta me-diterránea», caracterizada por un elevado consumo de alimentos de
origen vegetal, de modo principal verduras y frutas. Entre otras cosas,
muchos de los efectos beneficiosos para la salud de tales alimentos
es su contenido en sustancias (algunas de ellas vitaminas), que en el
organismo desempeñan funciones antioxidantes: ácido ascórbico, carotenos,
flavonoides, isoflavonas, licopeno, luteínas, órgano sulfurados,
tocoferoles, tocotrienoles, ubiquinonas, cobre y manganeso.
Algunos de estas fuentes vegetales de antioxidantes han demostrado
ser bastante potentes y eficaces. Las funciones saludables de todos
estos compuestos están relacionadas con su propiedad fisiológica de
contrarrestar los agentes oxidantes biológicos y evitar las posibles alteraciones
oxidativas de compuestos, que son esenciales para el funcionamiento
normal del organismo humano. Así, vitaminas como el
ácido ascórbico, alfa-tocoferol y betacaroteno resultan primordiales para
la prevención de tumores por su carácter antioxidante, capaces de
neutralizar los nocivos radicales libres que se pueden forman en los
tejidos vivos.
Entre los elementos minerales cabe citar la vinculación del Calcio
con la osteoporosis y la osteomalacia; el Magnesio con el funcionamiento
de los músculos cardíaco y esquelético, la función cerebral y la anorexia;
el Hierro con la anemia (carencia) o la oxidación del LDL (exceso);
el Zinc con la actividad de las hormonas de crecimiento y tiroideas;
el Selenio con el cáncer.
Entre los compuestos no nutrientes hay que citar a las denominadas
sustancias fitoquímicas: estructuras químicas presentes en los alimentos
vegetales que, una vez ingeridas, resultan muy activas desde el punto
de vista fisiológico y medicinal. Entre los alimentos tradicionalmente
usados por la medicina popular destacan las cebollas y los ajos, que
pertenencen al género Allium, de los que han sido estudiadas, tanto
en animales como en humanos, algunas propiedades fisiológicas importantes:
actividad fibrinolítica que protege del infarto de miocardio;
incidencia sobre los tiempos de coagulación de la sangre; alivio de la
hipertensión; reducción de los niveles séricos de triacilgliceroles y del
colesterol; estimulación del sistema inmune; bajada de la glucosa en
sangre con beneficio para los diabéticos; etc. Se ha sugerido que muchas
de estas propiedades se deben a sus contenidos en componentes azufrados,
considerándose como los más activos el (prop-2-enil)-propil disulfuro
para las cebollas y el di(prop-2-enil) disulfuro en los ajos.
También cabe señalar la relevancia del ajo en su contenido en compuestos
tioalilos, de fórmula general H2C = CH - CH2X, en los que
X representa una gran variedad de estructuras orgánicas.
Con respecto a las verduras y otros alimentos vegetales verdes,
se ha visto en algunas experiencias con animales, que las clorofilinas,
derivadas de las clorofilas, son capaces de reducir la biodisponibilidad
de los carcinógenos químicos y también pueden proteger firente a la
mutagenicidad de otros carcinógenos, valorada por el test de Ames.
Los lignanos son compuestos difenólicos que se forman en la digestión
bacteriana intestinal, a partir de unos precursores aportados por los
alimentos de origen vegetal. Se ha señalado que estos lignanos ejercen
una cierta influencia sobre la regulación de sustancias estrógenas y
presentan actividades antioxidativas y antimitóticas, lo que ha hecho
pensar en una posible efecto anticancerígeno, que todavía no ha sido
confirmado de un modo experimental.
Una elevada ingestión de plantas cruciferas ha sido asociada con
situaciones de bajo riesgo para el desarrollo de tumores malignos. Es
posible que la actividad beneficiosa observada se deba a un efecto
protector de los isotiocianatos que contienen, aunque no está claro si
tales efectos se deben a la propia estructura, muy reactiva por su
carbono central fuertemente electrofilico, o bien a sus metabolitos secundarios:
carbamates, tiocarbamatos y derivados de la tiourea. De
todos modos, las estructuras activas afectan a la actividad de los enzimas
de fase I y II, que metabolizan los xenobióticos y, con ello, modifican
la activación oxidativa de los carcinógenos químicos. También las ditioltionas,
unos glucosinolatos presentes en las berzas, parecen tener
efectos protectores frente a sustancias químicas de potente actividad
cancerígena, como pueden ser las aflatoxinas.
Las saponinas, glicósidos triterpénicos o esteroídicos unidos a mono
u oligosacáridos, presentes en una gran variedad de plantas y de modo
especial en las leguminosas, sobre todo en garbanzos y soja, han manifestado
efectos hipocolesterolemiantes. Tales efectos se han intentado
explicar de diversas formas, como impedir la absorción del colesterol
o de los ácidos biliares, que al excretarse con las heces, provoca un
aumento de la síntesis hepática de dichos ácidos a partir de colesterol
con el correspondiente descenso de los niveles sanguíneos.
Los flavonoides son un numeroso grupo de compuestos que incluyen
en su esqueleto el conjunto C6-C3-C6 y se caracterizan por ser poderosos
antioxidantes, muchos de los cuales han presentado una actividad protectora
del desarrollo de tumores, que se ha relacionado con una posible
inhibición de polimerasas ARN y ADN de diversas células, así como
a la inactivación de la ornitina descarboxilasa. Claramente se ha visto
que los flavonoides, en cuanto compuestos habituales de la dieta, participan
en la prevención del cáncer a través de muy diversos mecanismos.
También uno de ellos, las isoflavonas, tienen una actividad hipocolesterolemiante
que se h a vinculado al hecho de poseer una estructura
similar a la de los estrógenos, puesto que puede interaccionar con los
receptores de éstos, con la consecuencia de un efecto beneficioso sobre
los niveles del colesterol sanguíneo.
Otros compuestos fenólicos, tales como las catequinas contenidas
en las hojas de té verde y en las uvas, o las curcuminas de la Cúrcuma
longa, también han demostrado, en algunas experiencias «in vitro»,
un efecto inhibidor de la carcinogenesis. Sin embargo, hay que subrayar
cómo sustancias que son citostáticas en cultivos de células cancerosas,
resultan totalmente ineficaces «in vivo». Por tanto, la obtención de
resultados positivos «in vitro» no significa, necesariamente, que también
vayan a suceder «in vivo».
Dos componentes de las uvas, el ácido ellagico y el resveratrol,
parecen gozar de una actividad quimiopreventiva a través de actuaciones
que abarcan a las tres principales etapas de la carcinogenesis: actúan
como antioxidante, como antimutágenos e inhiben los enzimas que
metabolizan los tóxicos en fase IL
El ácido fítico, un inositol hexafosfato que con frecuencia se encuentra
en muchas plantas y sobre todo en cereales, ha presentado
diversos efectos beneficiosos: hipocolesterolémico, hipolipidémico y anticarcinogénico,
tal vez por su poder antioxidante.
Por último, la población microbiana del tracto intestinal parece
tener gran importancia para la salud del organismo que la contiene.
Por ello, se justifica el actual intento de incidir sobre la población
microbiótica del intestino grueso y sobre su actividad metabólica. En
esta línea surgen ofertas de productos alimenticios que proporcionan
suplementos alimenticios de microorganismos vivos (agentesprobióticos),
que mejoran el equilibrio microbiano intestinal. Se han atribuido diversos
efectos beneficiosos a la ingestión de agentes probióticos: a)
favorece el crecimiento (experimentado en ratas y pollos), b) contribuye
a la síntesis de algunas vitaminas en el intestino: tiamina, riboflavina,
niacina, cianocobalamina y ácido fólico, d) favorece la absorción intestinal
de minerales, e) reduce la población patógena al producir acético,
láctico y bacteriocinas, f) mejora de la intolerancia a la lactosa (Lactobacillus
accidophilus), g) inhibición de sistemas enzimáticos potencialmente
nocivos, asociados al cáncer de colon (experiencias con
animales), h) alivia el constipado intestinal, i) rebaja los niveles séricos
de colesterol, j) inhibe la actividad mutagénica de algunas sustancias.
A pesar de ser conocidos y usados desde hace muchos años, sin embargo
los fundamentos científicos que apoyen sus pretendidos beneficios son todavía poco concluyentes. Desde luego, ha sido demostrada su eficacia
para corregir algunos desórdenes intestinales; incluso, no resulta aventurado
pensar que su actividad abarca tanto a la inhibición del crecimiento
de los microorganismos patógenos como a la estimulación de
la respuesta inmune, aunque los mecanismos responsables de estos
efectos necesiten ser bien aclarados. En opinión de algunos especialistas,
los alimentos probióticos han sido reducidos a un nivel bastante simplista
dentro del ámbito de los productos comercializados.
Principales aplicaciones clínicas de los «Alimentos para la
salud»
Entre los diferentes ámbitos clínicos en los que los «Alimentos para
la salud» pueden jugar un papel relevante cabe destacar cinco: 1. enfermedades
cardiovasculares; 2. desarrollo de tumores malignos; 3. obesidad;
4. control de la función inmune; 5. modulación del envejecimiento;
5. comportamiento humano.
1. Alimentos que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares:
Desde hace muchos años, las enfermedades cardiovasculares (ECV)
han sido la causa de una elevada mortalidad entre la población humana
occidental. Como agentes causales, o al menos indicadores de riesgo,
fueron en principio sugeridas las elevadas concentraciones de colesterol
en sangre (hipótesis lipídica), y posteriormente la oxidación del colesterol
por la acción de radicales libres (hipótesis oxidante). Los estudios bioquímicos
y epidemiológicos han hecho sospechar que el posible factor
responsable es la ingesta inadecuada de aquellos micronutrientes que,
como los tocoferoles, el betacaroteno y el ácido ascórbico, están relacionados
con actividades antioxidantes.
En efecto, las sustancias con actividad de vitamina E rompen la
cadena de radicales libres provocadoras de peroxidaciones en los ácidos
grasos poliinsaturados. Función similar pueden desempeñar el betacaroteno
y otros carotenoides, de modo fundamental en los tejidos con
una baja presión parcial de oxígeno. También, la vitamina C limpia
de radicales libres los compartimentos acuosos de las células, así como
puede contribuir a la regeneración de la actividad vitamínica E. En
adición, varios enzimas antioxidantes, como la glutation peroxidasa,
las catalasas y la superóxido dismutasa metabolizan los compuestos intermediarios tóxicos, producidos en las oxidaciones de los materiales
biológicos. A menudo, estos enzimas requieren la presencia de micronutrientes
para realizar su actividad catalítica: Se, Fe, Cu, Zn, Mn.
Según ha podido observarse, la mortalidad debida a ECV resulta
inversamente proporcional al denominado «indice antioxidante acumulativo
(LA.A.)», que se define de acuerdo con la ecuación siguiente:
[vit.E] • [vit.C] • [Betacaroteno] • [Selenio]
LA.A. = ^
[Colesterol]
donde las concentraciones corresponden a las valoradas en el plasma
sanguíneo.
Se ha comprobado que la incidencia de ECV está fuertemente relacionada
con los niveles plasmáticos de vitamina E. Los carotenoides
desempeñan una función biológica similar y, de todos ellos, los más
eficaces son el betacaroteno y el licopeno, capaces de inhibir la oxidación,
hasta su forma aterogénica, de las moléculas de lipoproteínas LDL,
vinculadas al transporte sanguíneo del colesterol. También el ácido
ascórbico tiene esta propiedad de protección frente a las peroxidaciones
de los lípidos de las biomembranas y de las moléculas de LDL, por
su eficacia para atrapar los radicales peroxilos en la fase acuosa del
citosol, o plasma celular. Un hecho comprobado es la relación inversa
entre las incidencia de ECV y las concentraciones en plasma de vitamina
C. Incluso, una deficiencia en ascorbato incrementa la concentración
en plasma de lipoproteínas(a), importante marcador aterogénico.
Los sistemas relacionados con la antioxidación requieren como cofactores
ciertos elementos que se encuentran en los alimentos en cantidades
traza: selenio, para la glutation peroxidasa; cobre, zinc y
manganeso para la superoxide dismutasa; hierro para la catalasa. Por
tanto, una ingestión inadecuada de estos elementos trazas puede comprometer
la eficacia de los mecanismos biológicos de la defensa antioxidante.
Esta circunstancia puede resultar particularmente relevante
para el grupo de personas de la tercera edad.
Aparte de las sustancias citadas, los alimentos pueden contener
una cierta variedad de otras sustancias con actividad antioxidante,
que igualmente pueden alcanzar una significación nutricional en la
prevención de las ECV Así, la ubiquinona, o coenzima Qio, de estructura
similar a las vitaminas E puede proteger de la peroxidación a los
lípidos de las membranas celulares y de las moléculas de LDL, además
de contribuir a la regeneración de la vitamina E. Es una molécula biológica que se sintetiza en el organismo humano a partir de los
precursores de la síntesis del colesterol. Como esta capacidad de síntesis
se reduce con la edad, quiere decir que su presencia en el organismo
de las personas de la tercera edad pasa a depender de lo que se
reciba con los alimentos.
También, sustancias polifenoles, tales como los flavonoides, presentan
por su semejanza estructural con la vitamina E, cierto interés
como antioxidantes capaces de prevenir la formación de radicales libres.
En realidad, la importancia dietética de cada tipo de alimento depende
de las cantidades consumidas con la dieta. En el cuadro 3 se indican
las principales fuentes de estos compuestos antioxidantes.
2. Alimentos que reducen el riesgo de tumores malignos:
Se admite que algunos componentes específicos de los alimentos
pueden modificar el proceso de desarrollo de tumores cancerosos, unas
veces porque alteran la formación de carcinógenos, otras porque modifican
su activación metabólica. Sin embargo, a pesar de que se reconozca
que algunos nutrientes son capaces de modificar los procesos
cancerosos, todavía no están bien definidas sus implicaciones clínicas.
Resulta escasa la información acerca del papel desempeñado por los
hábitos alimentarios en el fenómeno carcinogénico, aunque existen aportaciones
epidemiológicas y experimentales que apoyan estos efectos
positivos.
CUADRO 3. Alimentos de origen vegetal considerados como fuentes importantes
de sustancias antioxidantes
17
Ácido ascórhico:
Carotenos:
Cobre:
Compuestos
órgano-sulfurados:
Flavonoides:
Licopeno:
Manganeso:
Tocoferoles:
Ubiquinonas:
calabazas, cítricos, coles de Bruselas, fresas, kiwis, patatas nuevas,
pasas, pimientos verdes.
achicorias, albaricoques, batatas, calabazas, col rizada, espinacas.
melones, pimientos rojos, zanahorias.
aceitunas, calabazas, ciruelas, espárragos, hongos, kiwis, legixmbres.
pasas, patatas, plátanos, uvas.
ajos, cebollas, puerros.
cacahuetes, cebollas, cítricos, fresas, habas, manzanas, tés, uvas.
tomates, uvas tintas.
espinacas, legumbres, pasas, pinas, plátanos, remolachas.
brécoles, col rizada, espárragos, espinacas, legumbres, salvado de arroz,
tomates.
ajos, alubias, espinacas, habas.
Se conocen alimentos que pueden actuar como modificadores de
los procesos tumorales a través de diversos tipos de mecanismos:
a) Por destoxificación molecular: Ciertas sustancias presentes en
algunos alimentos pueden inhibir el desarrollo de tumores al modificar
los procesos de bioactivación; así, el selenio y la vitamina C pueden
inhibir la conversión de un procarcinógeno en carcinógeno activo. Otros,
como el benzil isotiocianato y el indol-3-carbinol pueden inducir reacciones
de conjugación y acelerar la eliminación de carcinógenos. Son
muy diversos los alimentos incluidos en este grupo: pepinos, perejil,
zanahorias, melocotones, manzanas, arándanos, ajos, cebollas, brécoles,
coliflores, pimientos, aceite esencial de limón.
b) Por oponerse a la proliferación celular. Sustancias con actividad
de vitamina A, posiblemente el betacaroteno, pueden inhibir los procesos
tumorales al oponerse a la proliferación de los tejidos neoplásicos. Cabe
citar en este grupo a los granos de cereales, soja, pescados, zanahorias,
pepinos, batatas, frutos cítricos, manzanas.
c) Por una actividad antihormonal. Existen compuestos antiestrogénicos
que pueden ser los responsables de la inhibición del crecimiento
de los tumores dependientes de hormonas. Tal ocurre con soja, zanahorias,
hinojo y anís.
Diversos estudios epidemiológicos han proporcionado cierta evidencia
acerca de los efectos positivos sobre la reducción del riesgo a desarrollar
tumores malignos por parte de algunas sustancias químicas (Cuadro
4) o de algunos alimentos (Cuadro 5).
3. Alimentos para el control de la obesidad:
La obesidad es una enfermedad del mundo occidental que se considera,
en la mayoría de las veces, estrechamente relacionada con la
ingesta de alimentos. Hasta el momento, los principales esfuerzos en la
oferta de alimentos han sido dirigidos hacia los productos que aportan
poca energía. Entre ellos merecen citarse los que incluyen en su formulación
estructuras alternativas a las grasas, capaces de satisfacer las exigencias
organolépticas con una menor densidad energética; tal es el caso del
empleo de los poliésteres de la sacarosa (Olestra), con el inconveniente
nutricional de reducir la absorción de vitaminas liposolubles, que, solubilizadas
en el sustituto graso, son arrastradas con las heces.
En relación con la regulación de la obesidad se pueden señalar
factores químicos que inciden sobre la grasa corporal a través de mecanismos
que alteran la ingesta energética, el gasto energético o la
deposición lipídica en los diversos lugares anatómicos:
Macronutrientes: fibra dietética, contenido en ácidos grasos de la
serie co-3.
Micronutrientes: tiamina, Zn.
No nutrientes: cafeína, capsaicina, fitoestrógenos.
CUADRO 4. Evidencia de estudios epidemiológicos acerca de los efectos
positivos de algunas sustancias sobre la reducción del riesgo a desarrollar
diversos tipos de cáncer
Sustancia
Almidón
Polisacáridos
no almidones
Carotenoides
Vitamina C
Vitamina E
Retinol
Folatos
Metionina
I Selenio
Tipo de Cáncer
Colon, recto
Páncreas, colon, recto, estómago,
mama
Pulmón, esófago, estómago, colon,
recto, mama, cuello del útero
Estómago
Boca, faringe, pulmón, cuello del útero
Laringe, colon, recto, mama, vejiga
Pulmón, cuello del útero
Colon, recto
Veiiga
Colon, recto
Colon, recto
Pulmón
Convincente
Probable
Evidencia de estudios epidemiológicos acerca de los efectos positivos
de algunos alimentos sobre la reducción del riesgo a desarrollar diversos tipos
de cáncer
Sustancia
Aios
Cereales totales
Verduras y frutas
Pescados
Cebollas
Té verde
1 Cafés
Tipo de Cáncer
Estómago
Estómago
Colon
Boca, faringe, esófago, pulmón,
estómago
Laringe, páncreas, mama, vejiga
Cuello del útero, ovarios, endometrio,
tiroides
Mama, ovario
Estómago
Estómago
Colon, recto
Convincente
No obstante, los problemas referentes al desarrollo de la obesidad
podrían ser minimizados cuando se consigan identificar cuáles son los
factores con ella relacionados.
En la actualidad existe un gran interés por conocer más a fondo
el modo de influir en el apetito. Se ha visto que las xantinas (cafeína
y teobromina) y las exorfinas (péptidos pequeños con actividad opioide)
se presentan como agentes anoréxicos. Las primeras parecen actuar
a nivel cortical y las segundas actúan en el intestino, tanto a nivel
central como periférico.
Algunos tipos de «Alimentos para la salud» se presentan como interesantes
reguladores del peso corporal, pero hay que tener en cuenta
que no todas las personas responden de la misma manera a su ingestión,
debido a la influencia de la edad, el género, la predisposición genética
y la actividad física. En este sentido, se ha ensayado con una hormona
hipotalámica que regula la función pituitaria, pero aunque los resultados
parezcan ser favorables, sin embargo no son concluyentes. No obstante,
se insiste en el tema y en algunos alimentos se ha creído identificar
péptidos y análogos de estos compuestos.
4. Alimentos que permiten controlar la función inmune:
En los últimos años se maneja la posibilidad de utilizar dietas
específicas para promover un estado de inmunidad óptimo en los individuos
sanos, o de mantener las defensas inmunes a niveles normales
en aquellos pacientes con inmunidad deprimida, mediante la aplicación
de dietas específicas. En definitiva, se acude a planteamientos dietéticos
bien estudiados para incidir de modo beneficioso en la inmunidad de
algunos pacientes. Incluso, se piensa que este modo de actuar puede
representar un medio potencial para reducir el riesgo de enfermedades
crónicas, generalmente asociadas con el déficit de inmunidad que aparece
con la vejez. Una efectiva intervención nutricional puede resultar
de interés, no sólo para aplicaciones terapéuticas, sino también para
tratamientos profilácticos de sujetos que ofrecen el riesgo de una inmunidad
deprimida.
El aminoácido arginina ha sido utilizado en la clínica para el tratamiento
de pacientes inmunodeprimidos, y su consumo parece tener
un efecto mejorador de los parámetros inmunes durante el estrés fisiológico.
También, se ha identificado a la glutamina como una estructura
química crítica para mantener a un nivel adecuado el sistema
inmune intestinal. También, parece primordial en el desarrollo normal de la función inmune celular el aporte dietético de bases purinas y
pirimidinas.
El cobre, el hierro, el manganeso, el selenio y el zinc son cinco
elementos minerales que en el organismo humano se asocian a sistemas
enzimáticos implicados en el sistema inmune, aparte de que puedan
actuar como antioxidantes. Aunque se ha podido comprobar que una
deficiencia dietética origina desequilibrios en la inmunidad, sin embargo,
su consumo como suplemento de la dieta debe ser realizado con cautela
por cuanto una ingestión excesiva puede ocasionar efectos tóxicos que,
en algunos casos, se traducen en una reducción de las defensas del
organismo.
Así mismo, varias vitaminas están implicadas en el correcto mantenimiento
de la función inmune, hasta el punto que sus deficiencias
en el organismo implican un incremento significativo del riesgo de
aparición de situaciones inmunodeficientes. De todas ellas hay que
destacar cinco: betacaroteno, calciferol, tocoferol, ácido ascórbico y muchas
de las incluidas en el complejo B, aunque no haya sido aclarada
la importancia relativa de estas últimas.
5. Factores dietéticos moduladores del envejecimiento
Hasta el momento existe muy poca evidencia en lo referente a la
capacidad de los factores dietéticos para alterar «per se» el progreso
de envejecimiento. Algunos científicos dan por supuesto un solapamiento
sustancial entre los factores de riesgo propios del envejecimiento y
los implicados en las patologías relacionadas con la edad. No obstante,
se admite que cualquier intervención que reduzca los procesos degenerativos
deberá hacer más lentos los fenómenos de envejecimiento.
Dentro de esta línea pueden plantearse tres estrategias dietéticas
que puedan incidir sobre la velocidad de envejecimiento en los seres
humanos: a) reducción de la ingesta calórica; b) prevención y/o reparación
del daño oxidative; c) ingestión de ácidos grasos polinsaturados
de la serie co-3.
Desde luego, son muchos los cambios relacionados con la edad que
se hacen reversibles con la restricción calórica, pero resulta muy difícil
precisar cuál de ellos es el crítico. De todos los micronutrientes que
desempeñan un papel relevante para atenuar el daño oxidative hay
que señalar a la vitamina C como principal agente, para los compuestos
hidrosolubles y la vitamina E para los liposolubles. Algunas experiencias
con animales han permitido relacionar la esperanza de vida con los lípidos de la dieta, aunque no ha podido aclararse si el efecto beneficioso
se debía a la composición total en ácidos grasos o a la presencia de
ácidos de la serie CD-3. Desde luego, estos últimos han demostrado su
eficacia frente a enfermedades vinculadas a la edad, como son el cáncer
y las enfermedades cardiovasculares. Por su carácter oxidante se discuten
los efectos negativos del Fe y el Cu de la dieta, en cuanto
pueden representar un riesgo para los organismos maduros, pero se
desconoce cuál es el nivel de exposición necesario para que se incrementen
aquellos cambios degenerativos que aparecen como resultado
de la edad.
6. La relación entre los alimentos de la dieta y el ' comportamiento
humano
Durante este último cuarto del siglo XX, se ha conseguido reunir
un cuerpo sustancial de investigación que pone de relieve la existencia
de un cierto impacto de los alimentos ingeridos en el comportamiento
y carácter humano. Sin embargo, hay que señalar la dificultad de
aplicar esos resultados a la vida real, porque exige una contribución
interdisciplinaria y se plantean diversas cuestiones metodológicas en
torno a los diseños experimentales.
Entre los componentes de los alimentos que han sido estudiados
de un modo especial en relación con su posible incidencia sobre el
comportamiento, hay que citar aminoácidos y carbohidratos. En principio,
se consideran como más probables aquellos aminoácidos que tienen
la capacidad de atravesar la barrera cerebral y son precursores de
neurotransmisores cerebrales: triptófano, tirosina y fenilalanina.
El triptófano es precursor de la serotonina y de la hormona melatonina.
Desde la década de los años 60 se viene hablando de los
efectos sedantes de la administración de este aminoácido neutro. Se
ha intentado explicar su posible efecto hipnótico, o sedante, mediante
el papel de la serotonina en la regulación del sueño. Existe bastante
controversia sobre la naturaleza de sus efectos acerca de los niveles
de vigilia y de sueño. En el paso del triptófano a través de la barrera
cerebral pueden influir dos factores relacionados con la dieta: la relación
de su concentración con el nivel de los demás aminoácidos neutros y
la presencia de carbohidratos, que afecta a los niveles plasmáticos de
los aminoácidos neutros superiores.
La tirosina es el precursor de tres catecolaminas cerebrales: dopamina,
norepinefrina y epinefirina, cuyos excesos de secreción se asocian con la exposición a un estrés agudo. La administración de tirosina
ha manifestado efectos beneficiosos en individuos estresados, a los que
mejora su memoria y la recuperación de la fatiga mental. En cambio,
la fenilalanina que también es un precursor de catecolaminas cerebrales,
no ha presentado, hasta el momento, efectos notables sobre el comportamiento.
Se ha descubierto que las comidas ricas en proteínas, o en carbohidratos,
tienen efectos diferentes sobre un neurotransmisor cerebral
clave: la serotonina. Este hecho ha suministrado una base racional
para que se deba insistir en la importancia de investigar más a fondo
los efectos sobre el comportamiento de aquellos alimentos que aportan
determinados nutrientes.
En realidad, hasta el momento no se han podido establecer, de
modo evidente, los efectos definitivos provocados sobre el carácter y
el comportamiento humano por las proteínas y los carbohidratos de
la dieta.
Evolución conceptual
A pesar de la corta historia de esta nueva gama de productos, las
denominaciones recibidas han sido bastante profusas y se han prestado
a muchas confusiones. Aunque en los últimos años se ha avanzado
de modo importante acerca de lo que debe ser entendido como alimento
cuyo consumo implica beneficios para la salud, sin embargo aún resulta
necesaria una mayor profundización para que se establezcan ideas
más exactas sobre su concepto y su uso. Diversos grupos de especialistas
trabajan en la actualidad, en este sentido, con el fin de acordar una
puesta en común sobre su definición y sus opciones de aplicación.
La comercialización de este tipo de productos arranca del empleo
de los suplementos alimenticios, definidos en 1994 por la FDA (Administración
de Alimentos y Fármacos) de EEUU como «sustancia incorporada
a un alimento para incrementar la ingesta diaria en
vitaminas, minerales, aminoácidos, etc., y previsto para ser tomado
bajo la forma de pfldoras, cápsulas, pastillas o líquido, pero nunca
como un alimento convencional o como un único producto alimenticio
dentro de una comida». No obstante, en la práctica clínica se han
señalado diversos efectos adversos, que han aparecido por el abuso
de tales suplementos dietéticos (Cuadro 6). Por otra parte, este tipo
de productos alimenticios no responde a lo que actualmente se entiende
como Alimentos Funcionales o Productos Nutracéuticos.
Aunque en la práctica, los productos nutracéuticos y los alimentos
funcionales hayan sido ideados para reforzar la ingesta en agentes
bioactivos saludables, hoy día se tiende a diferenciar conceptualmente
unos de otros.
Así. en Septiembre de 1999, la Revista SCIENCE daba la siguiente
definición, sugerida por Zeissel para los Productos Nutracéuticos: «Aquel
suplemento dietético que contiene una cantidad concentrada de un
agente presumiblemente bioactivo, extraído de una materia alimenticia
e incluido dentro de una matriz no alimenticia, que para enaltecer
la salud se emplea en dosis superiores a las que se encuentra en los
alimentos usados como convencionales.»
CUADRO 6. Efectos adversos de suplementos dietéticos
Aceite de castor
Ácido ascórhico
Acido fólico
Ácidos grasos
insaturados co'
Algas verdeazul
Betacaroteno
Hierro
Diarrea y deshidratación.
Excesiva absorción de hierro que conduce a hemacromatosis.
Enmascaramiento de una deficiencia en vitamina B12, que posiblemente
cause daño en el sistema nervioso.
Incremento de las necesidades de vitamina E para contrarrestar
los radicales libres y la oxidación lipídica.
Perturbaciones gastrointestinales (vómitos y diarreas).
Tumores malignos.
Inhibe la absorción de otros minerales. Hemacromatosis. Mortandad
en niños pequeños.
En cambio, los Alimentos Funcionales deben ser similares en apariencia
a los convencionales y deben ser empleados como parte de la
dieta normal. Ofrecen uno, o más, ingredientes activos (que tienen
efectos fisiológicos o quizás enaltecen la salud) dentro de una matriz
alimenticia, como por ejemplo los cereales para el desayuno, que han
sido enriquecidos con altas dosis de ácido fólico.
Es decir, hoy día se aplican notas diferenciadoras de lo que debe
ser considerado Producto Nutracéutico de lo que corresponde a un
Alimento Funcional. Lo esencial de los primeros radica en su carácter
de ingrediente específico, mientras que los segundos son alimentos,
semejantes a los convencionales, que contienen cantidades significativas
de algún compuesto químico, biológicamente activo, capaz de propor- donar algún beneficio para la salud más allá de lo conseguido con
alimentos convencionales, siempre bajo dosis óptimas normales. Desde
luego, al carecer de un definición legal, tales productos suelen ser
objeto de muchas confiísiones y abusos. De hecho, son diversos los
alimentos de consumo firecuente que pueden ser considerados como
poseedores de alguna actividad saludable potencial
Actividad saludable potencial atribuida a grupos de alimentos
de frecuente consumo humano
Alimento
Avena
1 (betaglucanos)
Cebollas y ajos
1 (Tioalilos)
Cítricos
(ácido ascórbico)
Cruciferas
(isotiocianatos)
Pescados grasos
(ácidos (D-3)
Salvado de arroz